2 octubre, 2017

Alimentos transgénicos: la batalla perdida

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Empecemos por decir que los alimentos transgénicos son igual de seguros e inocuos que sus equivalentes no transgénicos. Si eres una persona con conocimientos en esta materia estarás de acuerdo conmigo, pero la gran mayoría del público en general pensará lo contrario. Y este punto de vista contrario, o al menos, negativo hacia los alimentos transgénicos mayoritario proviene de un debate añejo que se produjo en la sociedad ya hacia finales del siglo pasado y que terminó frenando significativamente su desarrollo.

Para arrojar un poco de luz sobre lo que se está tratando es importante entender qué son los alimentos transgénicos. Se define como transgénico aquel organismo modificado genéticamente que alberga algún fragmento de DNA proveniente de otra especie distinta. En realidad, es una generalización de la parte por el todo ya que los alimentos transgénicos son un grupo dentro de los organismos modificados genéticamente (GMO’s) que son organismos con el DNA modificado por el hombre, contengan o no un DNA de otra especie. Es decir, dentro de los GMO’s podemos encontrar alimentos transgénicos, de hecho, muchos lo son.

Lo interesante de los alimentos transgénicos es que podemos modificar los mecanismos moleculares de funcionamiento o regulación de las células para que realicen nuevas o mejores funciones que nos interesen por diversos motivos. Utilizando técnicas de ingeniería genética es posible alterar el funcionamiento previo para conseguir el objetivo buscado.

Aunque parece algo muy vanguardista, el hombre ha estado haciendo algo analogo desde las primeras civilizaciones, solo que de forma inadvertida. Es el caso un fenómeno conocido como la domesticación. Al interactuar con los organismos del entorno, el hombre ha estado seleccionando variantes genéticas que fueran más beneficiosas para fermentar su leche o para producir su carne. Son mutantes espontáneos que contienen modificaciones genéticas que pueden ser de lo más complejas e incluso, como no, transgénicas. Por ejemplo, podemos encontrar vacas o cerdos que no se parecen casi nada a la especie no domesticada por el hombre pero que son mucho más útiles. Igualmente existe domesticación en el maíz, los gatos o incluso en microrganismos como las levaduras.

Ver nota completa en: http://bit.ly/2woJJtk

 

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