MÁS Y MEJORES
ALIMENTOS

El desarrollo de aplicaciones biotecnológicas ha sido una pieza fundamental para dar solución a diferentes problemas en el área de la salud, en la producción de alimentos, así como en la energética (biocombustibles), y asimismo para la recuperación de ambientes contaminados. Esto se integra a una clara tendencia hacia una “economía verde”; es decir una que esté basada en procesos biológicos (fermentación, fotosíntesis, biocatálisis y energías renovables) y no tanto en insumos de sístesis química o combustibles fósiles (carbón, gas, petróleo y derivados).

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Existe evidencia documental accesible y confiable de que los alimentos GM que se han incorporado a nuestra dieta desde hace más de una década son tan seguros y nutritivos como sus contrapartes convencionales. Los cultivos GM han sido analizados y aprobados para consumo humano y animal después de extensivos análisis realizados por diversas agencias sanitarias nacionales, siguiendo directrices que han sido desarrolladas por agencias internacionales como el Codex Alimentarius y la OMS.

¿Cómo se analizan los alimentos nuevos?

A partir de la década de los 90 diversas instituciones públicas y privadas así como agencias gubernamentales, iniciaron la evaluación detallada, continua y transparente de los alimentos producidos a partir de cultivos transgénicos, utilizando métodos rigurosos y enfoques novedosos para su análisis. Hoy día, la FDA (Food and Drug Administration) de los Estados Unidos, la EFSA (European Food Safety Authority) en Europa y sus equivalentes en Canadá, Brasil, Japón, Australia, China, Cuba y otros países, han aprobado más de 200 versiones (eventos) de cultivos transgénicos, como materias primas seguras para alimento humano, forraje y procesamiento industrial. En México, la Secretaría de Salud, a través de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS) ha autorizado su ingreso, procesamiento y comercialización en la cadena alimentaria nacional, después de corroborar la inocuidad de diferentes variedades de maíz, soya, jitomate, papaya y canola entre otros cultivos genéticamente modificados autorizados, que ya forman parte de nuestra dieta. Esta es una decisión responsable y transparente. Los cultivos transgénicos liberados actualmente, se desarrollaron para conferir mejoras útiles con respecto a las variedades convencionales. Las nuevas proteínas que les confieren la función (resistencia a insectos, virus, o tolerancia a herbicidas) son seguras y saludables para el consumo por las personas, especies de ganado y la fauna silvestre . Contra lo que se afirma, no generan alergias y se pueden consumir con plena confianza, como los alimentos tradicionales. Los transgénicos actuales cuentan con la misma calidad nutricional (o también denominada equivalencia sustancial) que los tradicionales. En fecha próxima se contará con productos orientados a beneficiar más al consumidor, como soya que incorpora en su composición ácidos grasos omega; en desarrollo se encuentran el arroz con más vitamina A y maíz forrajero con mejor disponibilidad de minerales como fósforo. En México, todos los cultivos transgénicos se someten -antes de su comercialización- a una estricta evaluación de su inocuidad dentro del proceso regulatorio a cargo de la Secretaría de Salud. Para que estos cultivos sean producidos en nuestro país, se dispone de la regulación correspondiente para determinar previamente (en etapas experimental y piloto), su eficacia biológica, la equivalencia agronómica, así como el costo-beneficio frente a algunos cultivos o prácticas convencionales y asimismo, la ausencia de riesgos al ambiente.

Ya los consumimos hoy… y son seguros